Manifiesto
Nos gusta el café más de lo razonable.
Partamos siendo honestos. No cultivamos café y todavía no lo tostamos. Lo nuestro, por ahora, es elegir. Y lo hacemos con una seriedad que casi da risa.
Probamos muchos más cafés de los que vendemos, y no confiamos solo en nuestra lengua. La catación corre por cuenta de catadores y brewers que admiramos, gente que lleva años entrenando el paladar y a la que uno podría quedarse mirando trabajar toda la tarde.
Las muestras se preparan con calma y se prueban en días distintos, porque un café puede deslumbrar un martes y desinflarse el jueves. La mayoría se queda en el camino. Buscamos esa taza que te hace levantar la vista.
Con los tostadores pasa igual. Los seguimos hace rato y son tan obsesivos con lo suyo como nosotros con elegir. Por respeto a ese trabajo, de cada café te contamos todo lo que sabemos: la finca, quién lo cultivó, cómo se procesó, a qué altura creció y por qué nos gustó tanto.
Traemos poco y numeramos cada lote. El café es una fruta y, como toda fruta, tiene su momento. Preferimos que un drop se acabe a que pase meses esperando en una bodega. Cuando se termina, ya andamos probando el próximo.
Si un café lleva nuestro nombre es porque lo probamos, lo comparamos y nos ganó. No vendemos nada que no estemos tomando también en nuestra casa.
Elegir así toma más tiempo. Lo tomamos con gusto.
Hagan café.